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«1. Lee siempre el libro entero antes de escribir la crítica. 2. No te comprometas a criticar un libro incluido en un género que te disgusta particularmente. 3. Critica el libro que el autor ha escrito, no el que piensas que debería haber escrito. 4. Si tienes prejuicios —y cualquiera puede tenerlos— afróntalos con franqueza y, si lo crees necesario, reconócelos en la propia crítica. 5. Haz comentarios ingeniosos si debes y puedes hacerlos, pero nunca seas deliberadamente cruel salvo con esos autores que explotan la crueldad y que, en consecuencia, se arriesgan a ello. 6. Si piensas que no hay por dónde agarrar el libro y no tienes nada ni interesante ni positivo que decir, ¿por qué hacer una crítica? Todas las reseñas proporcionan al libro una publicidad que le viene muy bien y es una pena desperdiciar espacio con un libro pretencioso o deshonesto cuando podrías estar diciendo algo de valor sobre una lectura que lo merece. La excepción a esta regla serían las obras de escritores consagrados que se aguardan con expectación, cuando todo el mundo espera el veredicto de los grandes críticos. 7. Si un amigo íntimo te da un libro para que le hagas la crítica y te parece muy malo, no la hagas. A nadie le gusta herir a sus amigos y la tentación de ser benevolente es demasiado fuerte. 8. No caigas en la tentación de usar una crítica para saldar viejas cuentas pendientes o para dejar bien claro que te desagrada el sexo, la clase social, la tendencia política, la religión o el estilo de vida del autor. Intenta pensar que existe la posibilidad de que personas que desapruebas escriban un buen libro.»

P. D. James. La hora de la verdad (Un año de mi vida) , “Ensayo”,  Barcelona: Bruguera, 2008.

 

«El primero es leer mucho, no para copiar el estilo de otro sino para aprender a reconocer y apreciar una buena redacción y para ver cómo otros escritores consiguen el resultado. La mala redacción, por desgracia, es contagiosa y debería evitarse el contacto con ella. Practicar la escritura en todas sus formas; el oficio se aprende practicando, no hablando de él. A algunas personas les ayudan los cursos de escritura o los círculos de escritores, pero no son para todo el mundo. Aumentar el vocabulario; la materia prima del escritor son las palabras y, cuantas más tengamos a nuestra disposición y podamos usarlas con efectividad y seguridad, mejor. Agradecer toda experiencia. Eso significa vivir la vida con todos los sentidos alerta: observar, sentir, relacionarse con otras personas. Nada de lo que le pasa a un escritor cae en saco roto».

P. D. James. La hora de la verdad (Un año de mi vida) , “Ensayo”,  Barcelona, Bruguera, 2008.

 

Ayer, 23 de mayo, un autor anónimo publicó en el blog Así escribimos un relato que me hizo acordar a este otro de Ana María Shua. A veces, para construir un mundo posible echamos mano de un vocabulario que escapa al lector, que generalmente puede reponerse, implicarse, suponerse, claro, pero que en el fondo aleja al lector de la escena, lo invita a mirarla a la distancia… No digo que no sea un acierto, ojo, es simplemente una reflexión. Y acá el revés simpático que le encontró Ana María Shua a todo este asunto de construir la voz de los personajes con tanta pero tanta verosimilitud que hasta el narrador, que no es más que una invención del autor, se encuentra “alejado” de ese mundo posible construido.

ARRIAD EL FOQUE
¡Arriad el foque!, ordena el capitán. ¡Arriad el foque!, repite el segundo. ¡Orzad a estribor!, grita el capitán. ¡Orzad a estribor!, repite el segundo. ¡Cuidado con el bauprés!, grita el capitán. ¡El bauprés!, repite el segundo. ¡Abatid el palo de mesana!, grita el capitán. ¡El palo de mesana!, repite el segundo. Entretanto, la tormenta arrecia y los marineros corremos de un lado a otro de la cubierta, desconcertados. Si no encontramos pronto un diccionario, nos vamos a pique sin remedio.
ANA MARÍA SHUA

“Siempre intento escribir de acuerdo con el principio del iceberg. Hay nueve décimos del bloque de hielo bajo el agua por cada parte que se ve de él. Uno puede eliminar cualquier cosa que sepa y eso sólo fortalecerá el iceberg. Si un escritor omite algo, porque no lo sabe, habrá un agujero en su relato. El Viejo y el Mar podría haber tenido más de mil páginas, y dar cuenta de cada personaje, cómo vivían, cómo habían nacido,… No cuento ninguna de las historias que conozco sobre la aldea de pescadores. Pero este conocimiento es lo que constituye la parte sumergida del iceberg

Ernest Hemingway

Esta nota salió hoy en el suplemento adn Cultura de la Nación. Me parece interesante, sobre todo porque este cuatrimestre estamos trabajando reescritura en nuestros dos proyectos en red…¿Se les ocurre alguna versión nueva? Péguenla como comentario.

Esta historia podría llamarse Las estatuas. Otro nombre posible es El asesinato. Y también Cómo matar cucarachas . Haré entonces por lo menos tres historias verdaderas, porque ninguna de ellas desmiente a la otra. Aunque una sola, serían mil y una, si mil y una noches me dieran. Leer el resto de esta entrada »

I

En uno de sus cuadernos de notas, Chejov registró esta anécdota: “Un hombre, en Montecarlo, va al casino, gana un millón, vuelve a casa, se suicida”. La forma clásica del cuento está condensada en el núcleo de ese relato futuro y no escrito. Leer el resto de esta entrada »

“Vendo zapatos de bebé, sin usar.”

Ernest Hemingway

Primero.
Cuando tengas algo que decir, dilo; cuando no, también. Escribe siempre.
Segundo.
No escribas nunca para tus contemporáneos, ni mucho menos, como hacen tantos, para tus antepasados. Hazlo para la posteridad, en la cual sin duda serás famoso, pues es bien sabido que la posteridad siempre hace justicia. Leer el resto de esta entrada »

Dijo Vladimir Nabokov:

La literatura no nació el día en que un chico llegó corriendo del valle gritando «el lobo, el lobo», con un enorme lobo gris pisándole los talones. La literatura nació el día en que el chico llegó gritando «el lobo, el lobo», sin que lo persiguiera ningún lobo.