Estos consejos no son míos sino de alguien bastante más autorizado, por su trayectoria en el campo literario: Orwell. Por supuesto que está en cada uno seguirlos o no, no son reglas inviolables ni mucho menos; pero para mí son valiosos y por eso los comparto con ustedes. Debajo de cada una, hago algún comentario.
No uses una metáfora, un símil o cualquier otra figura literaria que leas con frecuencia.

O sea, antes de decir blanco como la nieve, decí blanco como un vestido de comunión. O cualquier otra comparación que te resulte más perfecta y poética, pero que sea ORIGINAL, que le golpee la vista al que lee, que le llame la atención, que se detenga a pensar en esa frase. No uses una palabra oscura cuando una común sea suficiente.

O sea, si querés tener lectores tenés que lograr que te entiendan. Un relato puede ser grande y al mismo tiempo legible. Es más, en mi humilde opinión, las grandes obras son las más legibles. No creo que la complejidad siempre signifique mejor. Los grandes escritores manejan tan pero tan bien el lenguaje que pueden decir las cosas más complejas de la manera más sencilla.

Si puedes omitir una palabra, omítela.

O sea, Vayan al grano. 🙂

No uses la voz pasiva si puedes usar la voz activa o el pronombre reflexivo «se».

O sea, simplifiquen: la voz pasiva es una forma más compleja de decir lo mismo.
No uses una frase en otro idioma, una palabra científica o una expresión de jerga si puedes encontrar un equivalente en tu lengua.

O sea, no digas Contrajo una influenza orthomixoviridae cuando podrías decir: Tiene gripe.
Rompe cualquiera de estas reglas si con ello evitas escribir una auténtica burrada.

No necesita traducción esta regla, ¿verdad?

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