¿Cómo debe mirar el escritor? ¿Qué debe mirar, por cuánto tiempo? ¿Escribimos desde la experiencia o el recuerdo; o vale también la observación? ¿Miramos dentro o fuera de nosotros? ¿O nos contaminamos con ambas miradas a la vez? Posturas habrá tantas como escritores, la de Alfredo Gomez Cerdá es la que sigue:

Me inspiro en dos miradas:
Una mirada interior:
Miro hacia adentro, hacia mí mismo, y trato de descubrir quién soy y quién he sido. Entre los pliegues de mi memoria descubro infinidad de cosas que siempre me estremecen: niños que han dejado de serlo, personas que se han ido, paisajes irreconocibles, emociones inexplicables… Algunas las siento tan vivas dentro de mi cerebro que tengo la impresión de poder rozarlas con la punta de mis dedos; otras, sin embargo, están veladas, como si las viera a través de un cristal empañado por el tiempo.
La gran novedad de la narrativa del siglo XX ha sido penetrar hasta la complejidad ilimitada de la persona, y desde allí narrar. Muchas veces, cuando el escritor busca y rebusca en los recovecos más íntimos de su personaje, en realidad lo que está haciendo es indagar dentro de sí mismo.
¡La cantidad de personajes e historias que llevamos dentro!
Una mirada hacia fuera:
El escritor pertenece a una sociedad, a un lugar, a un tiempo… Pertenece al mundo, esa bola monstruosa y bella suspendida en medio de un infinito y ordenado caos. Y el mundo tiene un pasado y un presente. ¿Tendrá también un futuro? Y el mundo está lleno de personas que son como el escritor: tienen brazos, piernas, pulmones, arterias… También esas personas tienen sentimientos, pasiones, sueños, frustraciones… El escritor debe saberlo.
El escritor no sólo debería abrir las ventanas de su casa de par en par, sino también bajar a la calle y chocarse con la gente, y mirar a su alrededor. Creo que una de las cualidades más importantes que debe poseer un escritor es andar por la vida con los ojos muy abiertos, observándolo todo y tomando buena nota de ello; y con los oídos muy atentos, y con los cinco sentidos a flor de piel. Que la vida nos penetre por los poros, o por donde sea, y que nos zarandee de arriba abajo.
Dos miradas juntas:
Me inspiro, por tanto, en dos miradas. Pero, ¿eso quiere decir que unos libros son producto exclusivamente de la mirada interior y otros de la mirada hacia fuera? A veces sí, pero por lo general una mirada se contamina de la otra, y viceversa. Y es que, en definitiva, son infinitas las miradas que deben alumbrar la inspiración y el camino de un escritor.

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